22 hoyos para hacer un réquiem

El 26 de marzo de 1959, tres camiones cargados con los restos de 179 combatientes republicanos no identificados salían de Girona en dirección al Valle de los Caídos. Sus restos se habían exhumado de 22 fosas de diferentes poblaciones de la provincia. Después de un largo trabajo de investigación en colaboración con el Bòlit, cabosanroque localizó los emplazamientos de 11 de las 22 fosas y excavó un hoyo en cada lugar.

 

La instalación se construye a partir de dos representaciones complementarias sobre el silencio contenido en estos agujeros. Por un lado hay un conjunto de platos de balanza con tierra extraída de los lugares donde supuestamente había habido cada fosa. El peso de la tierra de cada agujero genera una tensión sobre una cuerda metálica y en consecuencia, una nota diferente para cada fosa. Estas notas suenan al excitar electromagnéticamente las cuerdas metálicas. Por otro lado, están los silencios de los videos grabados en cada agujero. Con estas notas y estos silencios, se ha compuesto un oratorio contemporáneo, en memoria de los 179 nombres que nunca podremos pronunciar.

 

Usar el peso de la tierra y el polvo para hacer un réquiem  que visualiza y da un cuerpo sonoro al desvanecimiento de 179 nombres, poner el ruido de los silencios que hay en los agujeros en lugar de estos nombres que ya no podremos decir nunca.

Trànsit

Instalación. Festival LlumBCN, Barcelona.

 

En esta colaboración entre Studio Animal i cabosanroque, el tema del festival LlumBcn 2025 “trànsit” (tránsito) se traslada literalmente al protagonismo del semáforo. La propuesta cambia el sentido y la función lingüística de las tres luces de colores con mensajes excluyentes para convertir los semáforos en lámparas. Una vez destruida la prohibición de utilizar dos colores simultáneamente, se genera una paleta de gradiente infinito, un tránsito gradual de rojo a verde. A la vez, se estresa al máximo el funcionamiento del aparato y del sistema, generando imágenes remanentes con contraluces agresivos que hacen aparecer luces de colores que no corresponden a ninguna de las tres lámparas. Trànsit es una experiencia inmersiva que invita al espectador a sumergirse en un diálogo entre movimiento y quietud, entre flujo y pausa.

Politonos

Politonos es una instalación que formó parte de la exposición Miradas que comunican, de la Fundación Telefónica, que puso el patrimonio de la compañía a disposición de seis artistas contemporáneos que, desde sus distintas disciplinas, han otorgado otros sentidos estéticos y conceptuales a objetos que ya son historia.

 

Cabosanroque centra su atención en el icono de la compañía, el teléfono, para crear una suerte de topografía con cerca de 250 terminales de diversas épocas. Objeto central en el espacio doméstico, hito del diseño industrial y la cultura popular, el aparato telefónico da cuenta de múltiples transformaciones. A través de distintos modelos (Heraldo, SATAI, Teide y Forma), podemos inferir una evolución tecnológica y social que se materializa en sutiles gestos como el paso del dial de marcación a los botones o la aparición de funcionalidades que expanden las posibilidades de la comunicación por voz.
Mucho antes de que las cámaras fotográficas o las pantallas LCD se integraran en los dispositivos móviles, el politono ofreció la primera oportunidad de personalización de nuestros teléfonos y los convirtió en instrumentos musicales. Cabosanroque exprime las capacidades sonoras de cada terminal hasta estallar en una composición filarmónica. La instalación aplica los conceptos de politono e instrumento a los teléfonos de sobremesa para crear una suite que da protagonismo a la variedad tímbrica de los aparatos.

Yanvalou

Yanvalou es una instalación que forma parte de la obra Demonios.

 

En el año 2021 formó parte de la exposición Aerodream. Architecture, design et structures gonflables 1950-2021 del Centre Pompidou. Comisariada por Frédéric Migayrou y Valentina Moimas.

La cobla patafísica

Exposición retrospectiva (2015-2001) en Arts Santa Mònica, Barcelona. 03.03 – 12.04.2015

 

La exposición daba protagonismo a la colección de sonidos de cabosanroque, separando los artefactos, máquinas e instrumentos del contexto para el que habían sido concebidos. Sus máquinas, instalaciones y espectáculos producen nuevos sonidos que, como en las colecciones de siglos pasados, se mueven entre lo raro y lo bello, entre la curiosidad y la erudición, todo ello condensado en el espacio y el tiempo en sus particulares gabinetes de coleccionista. Una colección de sonidos significa entender la multiplicidad del mundo sonoro, encontrar un significado oculto y aprehender, en el terreno personal, la magnitud de lo maravilloso ante el descubrimiento de cada nuevo sonido.

Maquinofobiapianolera

Durante la Semana Santa de 2010, Carles Santos y cabosanroque coinciden en la procesión del Silencio en Murcia, y es aquí, en medio del silencio donde se empieza a maquinar Maquinofobiapianolera, un concierto escénico para piano y orquesta mecánica.

El entramado musical propio de un concierto para piano y orquesta se desarrolla aquí a través del juego y del flirteo y confrontación entre el hombre y la máquina, el pianista y la orquesta mecánica, la fuerza rítmica natural que brota de Carles Santos y la velocidad y precisión de una orquesta mecánica automatizada

Maquinofobiapianolera es la superposición de dos mundos compositivos que vienen de orígenes muy distintos y que han jugado a encontrarse y a entenderse: el mundo de la música contemporánea que bebe de toda la tradición clásica y el mundo de la música experimental que viene del rock and roll.

Soundraces

RRR

RRR es un diálogo sin mapa entre la danza de La Veronal —coreografiada por Marcos Morau y bailada por Jon Lopez—, la música y el espacio sonoro de cabosanroque —con las maquinaciones inesperadas de Laia Torrents y Roger Aixut— y las imágenes pictóricas de Frederic Amat —que tensa la pintura con la acción en escena.

 

Con un zumbido constante —la curiosidad, el enigma de tres letras que iluminan—, RRR abre un espacio inesperado en el que cada uno aporta un bagaje muy diverso para explorar y sobrepasar los límites entre la imagen, el sonido y el movimiento, para sorprender al espectador hasta el desmayo, ofreciendo a la vista y el oído del público un mosaico de escenas en las que la coreografía de la tinta mancha de negro las notas de la partitura caleidoscópica de cabosanroque, que es desgarrada por el aliento del movimiento de La Veronal.

Ursonate karaoke

La instalación Ursonate Karaoke se sirve de la liturgia del Karaoke para transcribir el poema original a partir de nuevos fonemas, sonidos eléctricos primitivos que surgen por interferencia entre los campos magnéticos que iluminan las sílabas y el sistema de amplificación de sonido. De la letras de neón salen nuevos sonidos que ya no se corresponden con sus fonemas, parásitos eléctricos, nuevas unidades mínimas.

 

Así como Ursonate nace a partir de la repetición compulsiva que Schwitters hizo del motivo tipográfico del poema visual de Raoul Hausmann fmsbw (1921), Ursonate Karaoke parte del trabajo de investigación de cabosanroque para obtener sonido a partir de diferentes tipos de luces y sus interferencias electromagnéticas.

 

La fonética y las dinámicas de la grabación de Kurt Schwitters son sustituidas por sonidos generados en directo a partir de interferencias electromagnéticas producidas por diferentes fuentes lumínicas, como sílabas de letras de neón, fluorescentes o lámparas de incandescencia y motores eléctricos. De esta forma, las luces cambian el espacio continuamente, siguiendo una lógica fonética. Bajo la liturgia formal del karaoke, cabosanroque coge los temas principales de la sonata y los asocia cada uno a un tema icónico de los visuales asociados a cualquier karaoke (romantic sunset, wild nature, etc.) y con el micrófono del karaoke invita al público a interpretar la obra. Una canción de Karaoke que muy poca gente conoce.

Sous les violons la plage

Destrucción colectiva de un cuarteto de Haydn

 

Habrá que arrasar el cuarteto de cuerda a pedradas.
Suena el cuarteto de cuerda número 66 en sol mayor, opus 77, de Haydn. Al menos, así era hace un rato.
Cada impacto sobre los violines, la viola o el violoncelo supone una modificación mínima, aleatoria, de la armonía, el ritmo o el timbre de esa voz, y con cada acierto nos alejamos un poco más de la obra original.
A cada atentado contra el instrumento le corresponde una agresión contra la forma musical: ver la destrucción de los instrumentos y escuchar la descomposición del cuarteto de Haydn esperando que, en algún momento, acabe surgiendo alguna playa.

 

Uno de los eslóganes más conocidos del Mayo del 1968 en París fue “sous les pavés, la plage !” (¡bajo los adoquines, la playa!). La frase hacía alusión a la arena que apareció bajo los adoquines del pavimento cuando los estudiantes montaron las barricadas en las calles. La playa, espacio de libertad, blando y sin forma concreta, contrapuesta a la traza rectilínea de las calles y el tráfico de dirección regulada. Aunque finalmente ni la playa ni lo imposible aparecieron, en esos días se tiraron adoquines contra todas las instituciones, normas y jerarquías, con la convicción de que la fuerza colectiva podría destruir el orden establecido.

 

La instalación quiere jugar con este sentido positivo de la destrucción y su capacidad de provocar esperanza, pese a la incertidumbre del resultado final. La destrucción como forma de progreso y creación colectiva.
El cuarteto de cuerda, paradigma de la forma musical del clasicismo (momento histórico canónico y regulador por excelencia), es un entramado rígido de normas formales y relaciones restrictivas entre las cuatro voces. La alteración de una sola nota supone llevar la forma hacia lugares prohibidos normativamente.