El 26 de marzo de 1959, tres camiones cargados con los restos de 179 combatientes republicanos no identificados salían de Girona en dirección al Valle de los Caídos. Sus restos se habían exhumado de 22 fosas de diferentes poblaciones de la provincia. Después de un largo trabajo de investigación en colaboración con el Bòlit, cabosanroque localizó los emplazamientos de 11 de las 22 fosas y excavó un hoyo en cada lugar.
La instalación se construye a partir de dos representaciones complementarias sobre el silencio contenido en estos agujeros. Por un lado hay un conjunto de platos de balanza con tierra extraída de los lugares donde supuestamente había habido cada fosa. El peso de la tierra de cada agujero genera una tensión sobre una cuerda metálica y en consecuencia, una nota diferente para cada fosa. Estas notas suenan al excitar electromagnéticamente las cuerdas metálicas. Por otro lado, están los silencios de los videos grabados en cada agujero. Con estas notas y estos silencios, se ha compuesto un oratorio contemporáneo, en memoria de los 179 nombres que nunca podremos pronunciar.
Usar el peso de la tierra y el polvo para hacer un réquiem que visualiza y da un cuerpo sonoro al desvanecimiento de 179 nombres, poner el ruido de los silencios que hay en los agujeros en lugar de estos nombres que ya no podremos decir nunca.